Efectos de la prestación por desempleo

Efectos de la prestación por desempleo ¿Se puede culpar de una tasa de paro que supera el 13% a los propios desempleados?

Es una de esas ideas más persistentes cuando se habla de las reformas del mercado laboral. Aunque es más propia de momentos en los que un país se anota un máximo de vacantes y se acerca a su límite de paro estructural. Es decir, cuando la marcha ‘automática’ de la economía no crea más empleo si no hay que reformas profundas –incluyendo las de las políticas de empleo. 

En Estados Unidos, eso está ocurriendo hoy. Y no son pocos los que señalan a las ayudas sociales impulsadas por Joe Biden como la causa principal. No ayuda precisamente que el presidente, cuando las empresas se quejaron sobre la dificultad para encontrar trabajadores, respondiera: “Pues pagad más”.

En España nunca ha habido ni habrá una verdadera Gran Dimisión. Lo más parecido, al menos en términos estadísticos, ocurrió allá por 2007. Nuestro modelo productivo venía de encadenar una ‘burbuja’ financiera e inmobiliaria muy intensa en creación de empleo pero entonces la ‘tensión’ entre oferta y demanda de trabajadores la cubría la inmigración. 

Y aun así, teníamos una tasa de paro al nivel del 8% que parecía imposible reducir. Y algunos economistas empezaron a preguntarse: “a lo mejor es que como cobra un paro tan alto no quieren trabajar”.  

No solo en España, el debate también estaba en la UE. Hasta el punto de que la OCDE y Eurostat se pusieron a investigarlo. Crearon varios índices que reflejan los desincentivos fiscales al empleo. A uno de ellos, centrado en los desempleados que reciben ayudas lo llamaron ‘La Trampa del Desempleo’ (sic). Que viene ser lo que te compensa pasar de cobrar una prestación a cobrar un sueldo.

Una vez… en Bélgica

En 2008 estalló la crisis financiera, pincharon las burbujas creadas por el crédito fácil y España empezó a crear desempleados a millones. Y el debate sobre esta trampa aumentó porque nos dimos cuenta de que la nuestra era la más alta entre todas las grandes economías de Europa. ¿Y sabéis qué? Hoy seguimos ahí. Y batimos incluso a Japón o al mismo Estados Unidos. 

En 2012 el Gobierno decidió tomar medidas. También porque nos lo pedía Bruselas. A nosotros y a Bélgica. En ambos casos, en lugar de reducir la prestación contributiva inicial, se hizo progresivamente. De hecho, a los 6 meses, reduciendo del 60% al 50% de la base reguladora su importe.

¿Funcionó? Como veis en el gráfico la trampa se redujo en un primer momento para los parados que cobraban una prestación durante más tiempo, pero en los años siguientes se mantuvo estable. Y su posibilidad de encontrar empleo no se vio muy afectada, incluso cuando pasaban a cobrar un subsidio mucho más bajo. 

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Es más, los análisis descartan una relación causa efecto entre reducir la prestación y el aumento del empleo. En este sentido, la OCDE publicó un análisis sobre el caso belga esta misma semana que resulta bastante revelador. 

Quizá por eso, cuando llegó la pandemia y la trampa se disparó 20 puntos para esos parados de larga duración, nadie puse el grito en el cielo. En buena parte se debe a una distorsión estadística por el volumen de ayudas como los ERTEs (que no se dirigen a parados, por cierto).

Aunque quizá no deberíamos perder de vista cómo evoluciona en 2022, porque el hecho es que el importe y la cobertura de las prestaciones no ha aumentado. 

La verdad de la trampa

Veréis, para entender la trama del desempleo hay que tener en cuenta que se compone de dos desincentivos. Uno es la prestación, sí. Pero el otro son los impuestos que cobramos al empezar a trabajar. 

Es lo que se llama la cuña fiscal y en nuestro caso llega al 40%. Si ‘atacamos’ uno de esos dos desincentivos y precisamente el más social, pero no el otro, lo que estamos haciendo más que el desempleo es estimular la economía sumergida. 

En España, los impuestos al trabajo parece que son una cuestión que solo afecta a las empresas, pero el hecho es que es lo que nos quitan de nuestro sueldo base –no tiene más que mirar tu nómina–. Es decir, que la trampa del desempleo encierra también una trampa del empleo. 

Otra cuestión a tener en cuenta es que el análisis de la trampa revela que la protección por desempleo está desproporcionada. Es decir, es muy alta para los trabajadores de larga carreras de cotización pero es mucho más baja para las personas con ‘cargas familiares’. 

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Y también para los jóvenes y los temporales que ha cotizado menos para la prestación, ya que como habréis deducido, la trampa se fija más en los parados que han cotizado más años y no solo cobran prestaciones más altas sino que pueden hacerlo durante más tiempo. 

Esto da argumentos a las críticas a la dualidad de nuestra protección por desempleo que siempre nos han recriminado desde la Unión Europea y que siguen sin resolverse.

El tema lo requiere para no caer en ciertos lugares comunes. Uno de ellos es que los parados se ‘acomodan’ en la ‘paguita’ y no buscan empleo, cuando la realidad es que nuestras políticas no están demasiado bien pensadas para sacar a la gente del paro. 

Lo vimos en la pandemia: se destinaron miles de millones a proteger empleos con la confianza de que los que lo perdieran los recuperarían cuando volviera la ‘normalidad’.

Tasa de paro en España desde el 2007 hasta el 2025